Cerco enfermizo

Por NÉSTOR NÚÑEZ

Suelen algunas malsanas fuentes afirmar que el bloqueo norteamericano a Cuba, que se extiende por casi cinco décadas y ha costado a la Isla casi un billón de dólares en pérdidas materiales, fue la “respuesta” de Washington a la adopción por la Revolución Cubana de la “opción marxista” y a su “alineamiento” junto a la extinta Unión Soviética.

Así, según esa versión, los círculos reaccionarios norteamericanos se vieron obligados a asumir una férrea defensa ante el “peligroso y agresivo” pueblo que a noventa millas de sus costas decidió sumarse al amenazante comunismo de miras globales, y sembrar las nocivas ideas socialistas en este hemisferio, considerado el traspatio seguro de la primera potencia capitalista del orbe.

Nada, que como consecuencia de tales postulados, los cubanos somos los únicos responsables del entramado de agresiones que se despeñó sobre nuestros hombros desde el poderoso vecino del Norte, y que hace que hoy más de setenta por ciento de nuestros conciudadanos no haya conocido otra cosa en sus vidas que el rosario de dificultades, penurias y limitaciones derivadas de un cerco que clasifica como genocidio, según las leyes internacionales.

Sin embargo, cuando se escruta la historia del bloqueo, la cosa resulta bien diferente a esa pretendida “verdad” imperial que se ha querido sembrar mediante una imponente presión propagandística, que en nuestros días se le denomina guerra mediática a partir del acelerado desarrollo de la tecnología de la información, pero que tiene muy añejos antecedentes en el arsenal imperialista.

Y en ese sentido debe señalarse que el entramado de medias coercitivas y agresiones que constituye el bloqueo norteamericano virtualmente se remonta a los primeros meses de vida de la Revolución, un proceso que desde su gestación estuvo en la mira de la Casa Blanca, entre otras cosas porque constituía un movimiento contrario a la política de sometimiento de América Latina mediante regímenes de fuerza, vigente por aquellos años como freno a toda acción de protesta popular.

No hay que olvidar que apenas cinco años antes de la entrada del Ejército Rebelde en La Habana, había sido derrocado mediante una invasión mercenaria, planeada y pagada por la CIA, el gobierno popular de Jacobo Arbenz, en Guatemala.

Así, la revista Bohemia, en un artículo titulado La “Ley puñal. Venceremos”, aparecido en su edición del 10 de julio de 1960, nueve meses antes de la proclamación por Fidel Castro del carácter socialista de la Revolución, ya denunciaba lo que podrían considerarse las dos primeras grandes medidas iniciadoras de la hostilidad económica de los Estados Unidos contra la Isla.

Se trataba de la anulación de la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano y de la negativa de las refinerías gringas radicadas en nuestro país de procesar el petróleo perteneciente al Estado revolucionario.

La primera decisión buscaba, como apuntó en ese momento el representante republicano Charles B. Haaven y recogía textualmente Bohemia, aplicar un “proyecto-guillotina” al régimen de La Habana para dejarle en los muelles el azúcar que debía salir con destino al mercado estadounidense.

El segundo se constituyó en una abierta violación de la Ley cubana de Minería, vigente desde 1938, que obligaba a las petroleras extranjeras radicadas en la mayor de las Antillas a refinar el crudo perteneciente al país.

De manera que la ojeriza oficial gringa contra el rumbo revolucionario en la Isla precedió con mucho al titulado “enfrentamiento al comunismo mundial en el hemisferio”.

En todo caso puso de manifiesto que en aquellos primeros años lo que se intentaba cercenar en Cuba era el proceso de independencia nacional triunfante, el rumbo progresista y popular de los pasos iniciales de la Revolución, y el derecho del pueblo cubano a darse el régimen político, económico y social que libremente escogiese.

En otras palabras, debía matarse desde su cuna la ruptura definitiva por los cubanos de los bochornosos lazos de sumisión y dependencia con relación al poderoso y agresivo vecino hemisférico.

Fuente: EXCLUSIVO de Cubahora, 22/09/11