Consecuencias del bloqueo palpables en salud pública cubana

Por ANA MARÍA DOMÍNGUEZ CRUZ

La compra obligada en mercados lejanos y el aumento de los precios de importación de medicamentos, reactivos, instrumental médico, equipos y piezas de repuesto son las principales afectaciones al sector de la salud pública cubana que el bloqueo impuesto por Estados Unidos le ha traído a la Isla.

Según el informe presentado a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), estas se traducen en 15 millones de dólares, solo en el período de mayo del pasado año a abril de 2011.

Es cierto que la Ley Torricelli y la Ley para la Reforma de las Sanciones Comerciales y el Incremento de las Exportaciones, de 1992 y de 2000, respectivamente, autorizan las exportaciones a nuestro país de medicamentos, accesorios y dispositivos médicos, pero las restricciones son innegables.

Para este tipo de productos se requiere de una licencia específica, otorgada caso a caso, con un período de vigencia determinado. Se debe cumplir además una serie de requisitos de control y clasificación para cada uno de esos productos, a partir de disposiciones que toman en cuenta la seguridad nacional o aspectos vinculados a la biotecnología, propiamente dicha.

Por si esto fuera poco, además de que no se autoriza la venta de tecnología de punta para el sector de la salud, las licencias solo se otorgan si el gobierno estadounidense es capaz de monitorear y verificar, de manera práctica y concreta, la utilización real del producto en correspondencia con el propósito para el que se autorizó.

Es fácil entender entonces por qué las importaciones realizadas directamente desde Estados Unidos hasta la Mayor de las Antillas son en realidad insignificantes (en comparación con las necesidades y demandas del país en este sector), solo reducidas a material gastable.

LATIDOS CONDICIONADOS

Como sucede desde hace 20 años, las autoridades cubanas, respaldadas por el pueblo y gran parte de la comunidad internacional, demandarán en la ONU al gobierno norteamericano por el injusto bloqueo económico, financiero y comercial que insiste en mantener contra Cuba. Las razones son suficientes y palpables en cada uno de los sectores de nuestra sociedad.

En el caso de la salud pública, accesible a todos por igual de manera gratuita, los ejemplos ilustrativos de las consecuencias de esta política son escalofriantes.

En el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, centro insigne del país desde el punto de vista docente, científico y médico de esta especialidad, se prevé la realización de 400 intervenciones quirúrgicas para este año. Las revascularizaciones aortocoronarias integran el 70% de ellas y para realizarlas se necesitan alrededor de 24 y 30 clip de mamarias por cada paciente.

Nuestro país está obligado a adquirir este producto en terceros países a un precio de 0.78 centavos dólar, debido a que su compra en la Firma norteamerica Horizon a un precio entre 0.30 y 0.40 centavos dólar le resulta imposible.

Lo mismo sucede con la obtención de las válvulas mitrales y aórticas, las que el Instituto debe adquirir por 1200 dólares cada una en otros países, porque la negativa de obtenerlas en la Firma Saint Jude, por 400 y 500 dólares menos, está latente.

Las rotundas negaciones que la empresa norteamericana AMRON le otorga al Hospital Ortopédico Frank País para proporcionarle los componentes necesarios con vistas al mantenimiento de la Cámara Hiperbárica cada tres años y las que persisten de la empresa KAPACK para no garantizarle el suministro de bolsas de polietileno de alta densidad destinadas a reembolsar el tejido óseo procesado, también engrosan la lista de las dificultades derivadas del bloqueo.

La crueldad de esta política genocida en un sector de la sociedad tan sensible como este, realmente trasciende las cuestiones económicas, porque la no disponibilidad de un medicamento o de un equipo determinado para el tratamiento de una enfermedad que, incluso puede aquejar a infantes, provoca también el sufrimiento de los pacientes y sus familiares.

Entonces, cabe preguntarse: ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo persistirá el ensañamiento de esa nación con la nuestra, por el simple hecho de querer edificar una Revolución “con todos y para el bien de todos”? ¿Cuánto más querrán lacerar nuestro servicio de salud pública, una de nuestras conquistas más reconocidas a nivel internacional?

Fuente: EXCLUSIVO, 17/10/11