Violar la constitución para matar el turismo en Cuba

Por RAÚL MENCHACA

Bloqueo norteamericano afecta al turismo de cruceros

Aunque eventualmente uno se los encuentra, los turistas norteamericanos son en Cuba “rara avis”.

Claro que aquel estadounidense que uno halla en algún hotel cubano puede, por lo regular y si se anima, contar una historia rocambolesca de cómo pudo llegar hasta la isla sin permiso, burlando el cerco tendido por su propio gobierno hace casi medio siglo.

Porque por obra y gracia del bloqueo, durante los últimos 50 años los estadounidenses no pueden viajar a Cuba a hacer turismo, e incluso los viajes académicos o de intercambios profesionales, tan publicitados por la Casa Blanca a la hora de anunciarlos, tienen que ser estrictamente aprobados por el Departamento del Tesoro.

Cuando uno piensa en todo eso, casi de manera automática viene a la mente Ernest Hemingway, el afamado escritor norteamericanos que hizo de Cuba su casa. ¿A quién le pediría permiso para venir aquel genio de tan malas pulgas?

El macabro fin último del bloqueo es hacernos rendir por hambre y para ello nada mejor que tratar de cortar todas las fuentes de ingresos de divisas al país. Por eso, el turismo, que tiene un potente desempeño económico, es uno de los blancos de la hostilidad yanqui.

Las grandes cadenas hoteleras norteamericanas, como Sheraton, Hilton, Marriot y Holiday Inn, que están entre las diez mejores del mundo, tienen prohibido acercarse al pujante mercado cubano.

Esa es la razón por la que acá no hay presencia de inversores norteamericanos en el dinámico sector turístico, a pesar de que muchos han manifestado su interés por establecerse en Cuba, que forma parte de la región caribeña, donde tienen importante presencia y fuerte inversión.

En ese sentido, el bloqueo también funciona como una peligrosa arma de doble filo que a la vez hiere a la víctima y al victimario.

Según cifras oficiales, se calcula que a más de mil 700 millones de dólares ascienden las pérdidas de la industria turística cubana por culpa del bloqueo.

A partir de estudios realizados por empresas estadounidenses, se estima que Cuba dejó de ingresar en el pasado año unos mil 600 millones de dólares por la prohibición que sufren los norteamericanos de venir a vacacionar a nuestro país.

Hay que tener en cuenta que hasta 1959 fuimos el mercado natural del turismo estadounidense, que se movía hacia La Habana hasta por una línea de ferry que todavía algunos abuelos recuerdan saliendo y llegado al puerto habanero.

Según la propia Asociación de Agencias de Viajes de América, en una declaración ante la Comisión de Comercio Internacional, de no existir la prohibición de viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba, en un corto plazo podrían visitar a la isla 1,3 millones de turistas de estancia y medio millón de pasajeros de cruceros.

Empresas turísticas estadounidenses y otras vinculadas al transporte aéreo estiman que, de eliminarse las restricciones, en unos pocos años superaría los cinco millones anuales, la cifra de visitantes a Cuba procedentes de Estados Unidos.

Pero hoy, los norteamericanos no pueden ni acercarse a los hoteles de la isla por culpa de una medida de la Casa Blanca que trata de matarnos por hambre, aunque para eso tenga que violar incluso los derechos constitucionales de su propia gente.

Fuente: EXCLUSIVO de Cubahora, 14/10/11